Tarika Shadilía de Murcia (Valle Ricote)
                                                                                                                     
 
6 de Junio de 2006
En presencia del más Compasivo, el Sustentador.

“Dios interviene entre el ser humano y los deseos de su corazón”.
Corán 8:24


La labor de cualquier enseñante es una ardua labor que se desarrolla entre satisfacciones y frustración. Educar, del latín edúcere (salir de sí mismo) para ampliar horizontes, es una compleja labor sobre el ego, pero es aún más compleja cuando se trata de re-educar a un adulto que, a petición propia, desea “salir”, ir más allá.


El ego se halla tan firmemente consolidado que el porcentaje de éxito suele ser escaso aún, como decimos, cuando esto se intente a petición del propio individuo. Quizás por esta causa, entre otras, el Corán enseñe que el ser humano no sabe bien lo que pide, aún cuando suponga que lo que pide es bueno.


Pero el intento de guiar a quien lo pide por las rutas del espíritu es, quizás, una de las labores pedagógicas más comprometidas y dificultosas. La mayoría de las personas que acuden a un guía espiritual para pedirle asistencia, no saben realmente lo que están pidiendo. Las concepciones previas, los “ídolos” creados, las falsas expectativas, “aquello” que se supone haber alcanzado, los múltiples disfraces de “virtud” y “conocimientos” con los que se trasviste el ego son, sin duda alguna, los peores escollos con los que se han de tropezar el discípulo y el maestro.


La previa erudición del discípulo, tan encomiable durante un periodo inicial, puede convertirse en la herramienta de sus justificaciones. Todo cuanto no concuerde con “lo que sabe”, será un arma arrojadiza contra el guía, una razón justificada para defenderse y hacer valer sus propios criterios.

Conocedora de esta circunstancia la Antigua Tradición nos alecciona de la siguiente manera: Si traes tu cesto lleno ¿qué podríamos meter en él?.

Una gran mayoría de los actuales “maestros”, herederos dinásticos de antiguas familias, poseedores de unos importantes bagajes teóricos y necesitados de muchos “discípulos”, no se atreven a emprender esta dolorosa y complicada labor de limpieza del ego. Quizás al ser tan sólo herederos dinásticos hallan heredado erudición y perdido lo esencial, o quizás no, pero se limitan a transmitir fórmulas y ejercicios que en su día tuvieron (o en el adecuado contexto aún tienen) validez indudable.

No obstante la sola fórmula, el ejercicio, o la liturgia sin más, contienen el riesgo de anclar al discípulo en el rito. Le confundirán con el peligroso desarrollo de las emociones, y entre emociones más o menos intensas hacerle suponer que alcanzó el propósito de toda tradición espiritual que es la unión entre Amante y Amado. Este estado emocional es válido para la mayoría de las personas, les justifica, y probablemente alcancen una gran virtud en ello, pero han limitado el vuelo del espíritu.


El guía espiritual no siempre emprende con todos los discípulos la dolorosa labor de vaciamiento del ego, pues sabe que difícilmente será eficaz. Hay discípulos que lo piden fervientemente, con su gesto o con su palabra, y cuando se les inicia en el proceso se retorcerán como la leña empapada de agua, que chisporrotea, hace humo, y al final se consume sin dar llama. Por esto dice el Corán que el ser humano pide con frecuencia lo que cree que es bueno, pero no sabe lo que pide. Y aquí enseñamos que hay que ser cuidadosos con lo que pedimos, pues puede ser que se nos conceda.


Otros discípulos, temerosos de sí mismos, piden prudentemente y serán como la madera verde, que al principio crepita, pero después se deja atrapar por el fuego y ella misma alumbra y da calor.

Y por último estarán aquellos discípulos que no piden, esperan pacientes la circunstancia propicia e imprevista, pues sólo lo imprevisto es eficaz al no haber predisposición previa. Guiados por el maestro y siguiendo los imprevistos signos creadores, que como circunstancias aleatorias aparecen en el día a día, estos discípulos son como la leña seca. Son rápidamente dóciles a la cercanía del fuego y se hacen un todo con él.
Pero… ¿qué es la docilidad?.
Decimos con frecuencia que la docilidad en nosotros, o el acto de ser “Abd”, o dócil ante la Dinámica Creadora dimanante de La Divinidad, Al Lah, es mantenerse atento a los signos, aprender a guiarnos por ellos y actuar en conciencia como mejor sabemos. Aceptando que los resultados de nuestros actos no han de concordar, necesariamente, con nuestras expectativas, sino con el plan creador que nos es desconocido. Lo que implica que no podemos mantenernos ausentes del mundo.

Aunque sabemos que el mundo es ilusorio, es Dunia, la Acción Creadora nos llama a la existencia para participar en el juego creador. “Pues esta vida no es sino juego y disfrute pasajero” Corán 47:36 y 6:32

Si la transitoriedad del Universo fuera razón suficiente para eximirnos de nuestras responsabilidades ante él, la presencia del ser humano en la Creación como sede de la Conciencia Intelectiva, y manifestación por lo tanto de La Divinidad, no tendría sentido. “Pues he ahí que tu Sustentador dijo a los ángeles: Ciertamente, voy a crear a un ser humano de arcilla; y cuando lo haya formado por completo y halla insuflado en él algo de Mi espíritu, caed postrado ante él”. Corán 38:71

Pues: “Al Lah es la Fuente auto subsistente de todo ser”. Corán 2:255 y 3:2.

Gracias a ser copartícipe de “algo de Su espíritu”, cada persona “consciente de Dios” es un verdadero Califa, un representante suyo ante los demás seres de la Creación, por esto nos sigue ilustrando el Corán: “Y he ahí que tu Sustentador dijo a los ángeles: Voy a poner en la tierra a alguien que ha de heredarla”. Corán 2:30.
“Y cuando dijimos a los ángeles: ¡Postraos ante Adán, se postraron todos, excepto Iblis, que se negó y se mostró arrogante; y así se convirtió en uno de los que niegan la verdad”. Corán 2:34, 7:11, 15:28, 17:61, 18:50, 20:116 y 38:71

Pero le advirtió: “Ciertamente, no tendrás poder sobre Mis criaturas, excepto sobre aquellos que te sigan por voluntad propia”. Corán 15:42 “Y enseñó a Adán el nombre de todas las cosas”. Corán 2:31.

Esto significa que dotó a la humanidad del don del discernimiento, le señaló con una cualidad que los demás seres no tienen, y le otorgó la facultad de conceptuar, diferenciar y conocer. Debemos de tener presente, según ya hemos advertido, el sentido alegórico de algunas expresiones coránicas.La necesidad de hacer legible la enseñanza ante la generalidad de las personas, hace necesaria la alegoría.

Así, el ser humano debe de actuar según su relativo conocimiento, y conforme al recto deseo que, en razón del conocimiento relativo y de las emociones, nace en su corazón. No obstante, el recto deseo que se deriva del conocimiento, aún cuando nos parezca “recto”, siempre deberá de hallarse sujeto a las incidencias de la Dinámica

Creadora durante el proceso de su ejecución.

Entre el deseo y el resultado están las incidencias, algunas de ellas elegidas y otras impuestas por las circunstancias, que podemos interpretar como “casuales” o como “causales”. El deseo, que no sólo surge del conocer, sino también por la intervención de las emociones, también es Dunia, y debe de estar supeditado al valor relativo e inestable del concepto-conocimiento y, por lo tanto, sujeto a control y modificación.

Entre el propósito inicial y el resultado final existe un espacio que no siempre se halla bajo nuestro dominio. Es en este espacio donde decimos que interviene la Dinámica Creadora, a cuyos signos debemos de estar atentos para intervenir, aceptando si la evidencia así nos lo indica, o para modificar oportunamente con “certeros golpes de timón”, si consideramos que es lo adecuado.


Nos dice el Corán en 8:24; “La Divinidad interviene entre el ser humano y los deseos de su corazón”.

Porque “A menudo el ser humano ruega por cosas que son malas creyendo que son buenas; pues es dado a precipitarse en sus juicios”. Corán 17:11 “…puede ser que os desagrade algo y sea bueno para vosotros, y puede ser que améis algo y sea malo para vosotros: Dios sabe y vosotros no”. 2:216

En cualquier caso será la experiencia la que agudice nuestra “visión” por medio del “juego” entre lo que consideramos el acierto y lo que suponemos como el error. Por este “juego” iremos aprendiendo cuándo nos encontramos en una situación por corregir o en otra por aceptar. Pues la criatura que no esté dotada de “visión”, no podrá saber si su deseo, aunque en apariencia noble, se corresponderá con el Plan Creador.

Según resaltamos por medio de los versículos coránicos anteriores. Aún así, el esfuerzo por parte del ser humano para construir un mundo mejor seguirá siendo necesario, sin amedrentarnos por el error probable, pues: “Sólo de Dios son los atributos de perfección” Corán 7:180.
El movimiento, entre lo que consideramos acierto y lo que suponemos error, es el signo creador de la existencia. Por lo tanto no es para ser temido el probable error, ni impuesto bajo ningún signo de violencia el probable acierto. Todo ha de ser llevado a la práctica con prudencia y sabiduría, pero sin el temor infundado al que inducen los radicalismos de las ortodoxias, aún cuando estas estén bien fundadas.

Para defendernos de tales temores nos enseñan estos proverbios de Muhammad*: “Si vosotros fuerais perfectos La Divinidad destruiría esta humanidad y crearía otra imperfecta, de modo que cometiendo errores Le pidieran disculpas y Él los disculpara”.


“Ciertamente, Mi misericordia prevalece sobre mi ira”
. Proverbio de Muhammad* refiriéndose a La Divinidad.

Y también se nos enseña: “Dios se ha prescrito a Sí mismo la ley de la misericordia”. Corán 6:12 y 6:54 De no ser así, ¿qué papel jugaría la misericordia?.

Así pues, nuestra transformación en “abd”, o en dóciles ante la Dinámica Creadora, no se fundamenta sobre el “santo abandono”, ni sobre la esperanza en una hipotética perfección que nos está vedada. Estos son unos conceptos que, con frecuencia, han sido mal interpretados en la literatura mística como una especie de ausencia, en cuanto al abandono, o la esperanza por una meta, en cuanto a la perfección, que sólo es atributo de Al Lah.

La verdadera razón de nuestra docilidad ante la Acción Creadora sobre nosotros tiene este propósito: “…no He creado a los seres invisibles y a los seres humanos sino para que Me conozcan…”. Corán 51:56. El CONOCIMIENTO es el propósito.
Por lo tanto toda acción ha de estar precedida de conocimiento y generará nuevo conocimiento, pues este es el propósito de la existencia, ya que La Divinidad es TODO lo conocido o por conocer, y ¡nada de Ello es renunciable!. Quien pretende renunciar a la parte es que no llegó a entender El Todo, aún sin el banal propósito de definir-Lo. Pues se nos advierte: “¡Ay de vosotros! por vuestras tentativas de definir a Dios”. Corán 21:18

“Al Lah es infinito en Su gloria, entronizado en Su omnipotencia, muy por encima de cuanto el ser humano pueda concebir para definirle”
. Corán 21:22


“Absolutamente distante, en Su Gloria, está el Sustentador de los cielos y la tierra, de todo cuanto le atribuyen como definición”
. Corán 43:82

Así pues, incluso los atributos que en el Corán o la Sunna se nos revelan con respecto a Al Lah, son aproximaciones para nuestro entendimiento, pero no exactitudes que no alcanzaríamos a discernir.
Nuestra docilidad ante Al Lah -La Divinidad- se fundamenta en la aceptación de los resultados sobre el propósito de nuestras acciones, lo que significa que “ESTAMOS OBLIGADOS A ACTUAR” sin complejos, ¡pero con la prudencia del sabio!. Y después aceptaremos el resultado con gratitud, nos guste o no nos guste. Así nos enseña el Corán.
“¡Sabed OH gentes!, que esta vida es sólo juego y distracción, y un hermoso espectáculo, y motivo para vuestra jactanciosa rivalidad unos con otros, y vuestro afán por más riqueza e hijos…, pues esta vida no es más que el disfrute pasajero de un engaño”. Corán 57:20.
“Recordad esto, para que no desesperéis por lo bueno que se os ha escapado, ni os alegréis en exceso por lo bueno que os ha llegado”. Corán 57:23

El Corán en 21:37 continúa advirtiéndonos: “El ser humano está hecho de precipitación”.

Somos la Sede de La Conciencia Única, por esta razón ejercemos el Califato o Soberanía, y esto nos convierte en co-Creadores, el temor a equivocarnos nunca puede ser una razón suficiente para el absentismo. El esfuerzo, o Yihad, es algo que no puede ser renunciable.

“¿O acaso creéis que vais a entrar en el Paraíso sin veros afligidos como se vieron los que os precedieron?.
Corán 2:213


Para discernir lo adecuado en este esfuerzo que nos lleve al Paraíso, o al estado de conciencia que tal expresión alegórica significa, Al Lah, La Divinidad, nos ha dotado de capacidad. “…e insufla en el ser humano algo de Su Espíritu, y os dota así de sentimientos, además de mentes…” Corán 32:9


Sentimiento y emociones, mente y capacidad de discernimiento, libertad para elegir. “Si hubiéramos querido, habríamos impuesto Nuestra guía a cada individuo; pero no lo Hemos querido así…” Corán 32:13

Y por supuesto, la inquietud necesaria que incentiva en nosotros el deseo de conocer. “En verdad el ser humano ha sido creado inquieto”. Corán 70:19.

Las capacidades han sido dadas, y los signos que son a veces como un lenguaje críptico y otras veces claro, también han sido dados. El Corán nos lo indica de continuo. “…en todo hay mensajes claros para aquellos que utilizan la razón”. Corán 2:164

Así pues en todo hay un propósito cuya razón es el conocimiento: “Y Sabed que no Hemos creado los cielos y la tierra, y lo que entre ellos hay, por mero pasatiempo; pues si hubiéramos querido buscar distracción, la hubiéramos hallado en Nosotros mismos, si esa hubiera sido Nuestra voluntad”. 21:16-17
“…Dios ha creado los cielos y la tierra conforme a una verdad: pues, ciertamente, en esta misma creación hay, en verdad, un mensaje para todos los que creen en Él”. Corán 29:44
“En su momento les haremos comprender plenamente Nuestros mensajes por medio de lo que perciben en los horizontes más remotos del Universo y en ellos mismos…” Corán 41:43.
“Pues así es; no Hemos creado los cielos y la tierra, y lo que hay entre ellos, por mero pasatiempo; no hemos creado nada de esto sino conforme a una verdad; pero la mayoría de ellos no lo entienden”. Corán 44:38-39.
“…y en todo hay mensajes claros para aquellos que utilizan la razón”. 2:64
Que el más Misericordioso colme vuestros corazones de Su Paz.
                                                                                                                             

                                                                                                                              Sidi Sa´îd b. Aÿiba
<<< Anterior hutba
Siguiente Hutba >>>
Ir al Inicio >>>