Tarika Shadilía de Murcia (Valle Ricote)
                                                                                                                     
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             EN PRESENCIA DEL MAS COMPASIVO, EL MISERICORDIOSO

                       EL COMPROMISO CON LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

          EN PRESENCIA DEL MÁS COMPASIVO, EL MÁS MISERICORDIOSO

Durante el periodo de tiempo en el que nos vamos haciendo adultos y empezamos a comprender las diferentes formas de vida que se nos ofrecen desde la familia, hasta nuestro ingreso en Universidades y puestos de trabajo, analizamos las propuestas entre las que hemos de elegir. Generalmente elegimos una profesión por inducción familiar, por condicionamiento social y por rentabilidad económica. Según parece pocas veces se elige por vocación.
Entre estas diferencias se nos induce a elegir una profesión que, según nos enseñan, nos permitirá “progresar” en la vida. El significado de progreso, en este caso, equivale a una alta rentabilidad económica que nos permita la posesión de muchas cosas, de ser posible muy caras, pues será esto lo que nos introduzca en los más altos niveles sociales.
Será en estos altos niveles sociales donde ganaremos admiración y prestigio que, forzosamente, nos esforzaremos en aumentar para mantener el nivel exigido pues, en este ambiente, quien no progresa retrocede ante la observación exigente de los demás componentes del “club de afortunados”. Según lo comúnmente admitido la felicidad se nos garantiza como consecuencia de este comportamiento. Otra cuestión muy distinta es la realidad posterior que descubriremos con el tiempo y la experiencia y, probablemente, con la frustración de suponer que ya es tarde para el cambio de vida.
Así es como pasas a formar parte de una élite privilegiada, en cuya poderosa compañía se difuminan los límites de los valores morales, como la sinceridad, la honradez, la misericordia...
Antes del ascenso a los altos estamentos del sistema los valores sociales eran ley para todos, pobres y ricos, según se nos dijo, pero una vez adquirido el poder estos valores se extinguen o se difuminan para ser exigidos, tan sólo, a los ciudadanos que componen los niveles medios y bajos de la sociedad. 
Así es cómo la riqueza, la posesión de cosas y el poder elitista que nos harán satisfechos y felices, se convierten en otros “dioses”. Son los falsos dioses que seducen al ego que, como nuevo sacerdote oferente, sólo tiene que entregar una cosa a cambio de “toda esa riqueza”, ¡sólo una!; el sacrificio de nuestra naturaleza esencial, nuestra conciencia, en el altar del Dunia o mundo ilusorio.


Para alcanzar las metas de felicidad propuesta en nuestras sociedades es necesario que, previamente, los jóvenes educandos sean condicionados para creer y aceptar, como verdaderos conceptos que, una vez asumidos, faciliten la manipulación de los individuos. Es decir; hay que educar a las personas en la creencia de que los conceptos transmitidos son permanentemente válidos e intocables. Así, hasta convertirlos en ideas que condicionan el comportamiento, de tal manera que nos hagan crédulos, sumisos y simples objetos de producción y consumo sacrificados al servicio de una gran mentira; la mentira del mundo ilusorio, que esclaviza al ser humano y nunca puede dar lo que ofrece.
El ser humano, cuando está convenientemente condicionado, acepta lo irracional como verdad de fe, la injusticia como error humano inevitable, la barbarie de la violencia institucional como un “mal colateral” que puede disculparse, etc.    
La trampa que oculta este discurso de nuestras sociedades es que nos propone una gran mentira, una felicidad imposible, ya que la estabilidad emocional, hacia la que todos aspiramos, no puede sustentarse sobre nada que sea inestable y perecedero, ¡por muy abundante que sea!

Si hemos sentido inquietud interna, si hemos intuido que la vida no sólo es trabajo, consumo, dolor y breves momentos de alegría, si hemos descubierto que somos algo más que herramientas de producción en la gran maquinaria social, entonces nos enfrentamos a la siguiente conclusión: El ser humano no fue creado para servir ni para dominar a otros, sino para ser soberano de sí mismo y, desde su soberanía, para ser solidario, para aprender entre los opuestos y para descubrir su verdadera Naturaleza Esencial participando de los avatares de la vida en sociedad.
Para desarrollar este proyecto creador en cada persona se nos dieron las herramientas necesarias por medio de la contemplación del Universo creado, herramientas que nos abrirán las puertas de la Casa de La Sabiduría “al bait al Hikma”.

Por lo tanto el Dunia, o todo el mundo ilusorio de la materia que observamos, así como cualquier trabajo, cualquier sociedad, cualquier creencia o cualquier objeto también forman parte de nuestro pequeño universo. Nada de todo esto es bueno o malo por sí mismo, sino por lo que nosotros hagamos con  ellos. Mal y bien dependen de nuestros conceptos, y nuestro proceso de evolución  depende de nuestra habilidad para modificar y buscar qué nuevo descubrimiento invalida el concepto anterior o, al menos, lo relativiza.
Si utilizamos estos elementos para aprender sabiamente, con agradecimiento, y experimentamos el cambio con alegría y no con frustración, creceremos por medio del descubrimiento progresivo de La Realidad que en el mundo se guarda, ya que la vida ha de ser una fiesta de aprendizaje en movimiento permanente. Así el Dunia será nuestro servidor y el ego nuestro experto entrenador.

¿Por qué no es así, por que razón no se nos enseña a crecer y a desarrollarnos en el total de nuestra complejidad?; porque vivimos bajo técnicas de control programadas para dirigir a las masas en la dirección que conviene al poder, ya sea político o religioso.  Porque si las personas se desarrollaran hacia su encuentro con Dios, según el propósito de su existencia, serían un peligro para quienes ostentan el poder omnímodo.
El ser humano en su pleno desarrollo, sabio, con la visión profunda de quien ha descubierto quién es realmente, ¡no es manipulable! Por esta simple razón no podemos esperar del poder que nos tutela una educación completa y verdadera, sino circunstancial y parcialmente utilitaria. Somos nosotros quienes una vez alertados del fraude al que se nos induce hemos de procurarnos de unos a otros, con prudencia, los elementos de valoración que nos faciliten, con nuestro propio esfuerzo, alcanzar la meta propuesta. Sin hacer ruido, sin hacernos notar excesivamente, sin molestar a otros, en discreción, tolerancia y misericordia para quienes no tengan la fortuna de ver lo que vemos, de conocer lo que conocemos y de llegar a donde llegamos. Esta es nuestra aportación a las sociedades.

Lejos de todo radicalismo y exageración, nunca hemos dicho que los conceptos y las cosas en general no nos sean útiles y necesarios, más bien al contrario. Para alcanzar el desarrollo que nos permita ser regentes de nuestras vidas, hemos de aprender a utilizar todo cuanto el mundo y las diversas sociedades nos ofrecen, en ocasiones para aceptar y a veces para rechazar, como tantas veces hemos afirmado. Todo cuanto somos y creemos nos es útil para aprender, tanto lo positivo como lo negativo, pues es de cuanto disponemos, pero no le concedamos a nada la categoría de certeza indudable e intocable. No creamos que nada de cuanto es transitorio pueda procurarnos el paraíso en la tierra, ya sean las ideas, las personas o las cosas.
Todo cuanto somos y creemos desaparecerá, sólo Dios es permanente, esto significa que tenemos que mantener una constante revisión personal y modificación de ideas. Si somos sabios hemos de estar dispuestos a admitir que ninguna idea, ningún comportamiento o ninguna otra cuestión cualquiera, es definitiva.
Todas las personas  hemos de estar preparadas y dispuestas para el cambio. Y nosotros, que suponemos saber lo que otros no saben, tenemos que estar en mejor disposición para modificar lo que hayamos de modificar, erradicando de nosotros años de dolor, de confusión y de certezas intolerantes.

Ya que todo en el Universo se mantiene en un perpetuo movimiento, no pretendamos nosotros ser la única criatura del Universo con ideas fijas y comportamientos estables, pues este es el principio del radicalismo fanático e intransigente.
Somos “hijos del instante” y, como tales, asumimos que no hay dos momentos iguales, ni una misma circunstancia afecta a dos personas de la misma forma, ni lo que entendemos como realidad es percibida igualmente por todas las personas. En estas diferencias se fundamenta la variopinta riqueza creadora.
Dios es El Creador, y como tal también es El Perpetuo Movimiento. No pretenda la criatura alcanzar meta alguna desde la que no exista el cambio ni la presencia de los opuestos.
 
El concepto es la causa del deseo, el deseo es la causa del sufrimiento y el sufrimiento esclaviza a la persona que se convierte en sirviente de su ego que, a su vez, es servidor del mundo ilusorio. Para que esta forma de servidumbre no se de entre nosotros hemos de estar dispuestos a desprendernos de todo cuanto limite nuestro legítimo desarrollo. La clave no es prescindir del ego, sino someterle a la voluntad de la Conciencia y no a la inversa.
Cuando hemos alcanzado a entender esta sencilla reflexión y se nos han dado las herramientas que necesitamos para alcanzar la liberación de toda esclavitud, ¿qué nos impide lograrlo? (esta es la cuestión que hoy comentaremos) probablemente sea la ausencia de verdadero amor y respeto hacia nosotros mismos. Pero ¡atención! no vayamos a confundir amor y respeto con orgullo y soberbia tan queridos por el ego.

Nos dice una antigua tradición piadosa que Dios le dijo al Dunia; “Aburre a quien te sirva y sirve a quien Me sirva”.   
Ya dijimos que el mundo ilusorio, incluido el ego, no es ni malo ni bueno, sólo es una herramienta al servicio de nuestro desarrollo integral, y esta herramienta cumplirá con la función que nosotros le asignemos. Nuestro desarrollo integral consiste en conocer el propósito de nuestra existencia para cumplirlo. Nuestro cuerpo es polvo de estrellas y nuestra Conciencia es un Soplo Divino. Quien entienda esto andará por el Recto Sendero que conduce al descubrimiento de nuestra verdadera identidad y, en consecuencia, al estado de iluminación. La Realidad no es cuanto percibimos con nuestros sentidos, sino Aquello Oculto que posibilita y sustenta lo que podemos percibir. Dios es La única Realidad que en todo Se oculta y en todo Se hace manifiesto.

Comentábamos que en la vida nos enfrentamos a muchos y diferentes caminos por andar, todos nos ofrecen algo, todos nos seducen con promesas que nunca podrán verse cumplidas. El desarrollo integral, o desarrollo espiritual, es un viaje por el único Recto Sendero de la vida. Es el camino que nos enseña a cuestionar lo aparente para descubrirnos la Verdad Oculta, es el que nos ilumina sin deslumbrarnos. Es el aprendizaje que nos enseña sin seducirnos.
Es el Conocimiento que se encuentra en La Fuente de todas las antiguas tradiciones, en todos los lugares y culturas ya que todo procede del Único Manantial que es El Creador.
Para andar por este Sendero hasta La Meta hemos de conocer ¡y utilizar! los signos del criptograma en el que vivimos.
Dije que los signos que hemos de descifrar, como en un criptograma, están todos en nuestro entorno, pero… ¿cómo podríamos descifrarlos? Para realizar esta labor de  transcripción se nos ha dado una Caja de madera preciosa y perfumada, esta es la Caja que contiene la preciada perla del Tassawuf ó T. Sufi.

Hemos hablado de la aniquilación del deseo, pero antes hemos tratado de la levedad de los conceptos que causan los deseos. Mientras que andéis por el camino del espíritu cargados de conceptos intocables, de remordimientos, de sentimientos de culpa, de frustraciones y rencores, o quejas sobre personas o cosas pasadas, la carga del peso no os dejará caminar con ligereza, os desequilibrará y  llegará a detener vuestro avance.

Si vuestra vida viene cargada del dolor pasado lo estaréis actualizando y potenciando, como un quiste maligno, en un perpetuo retorno que no os permitirá vaciaros para llenaros de paz y de verdad. Y aunque conozcáis estas cualidades no se integrarán en vosotros, y aunque viváis en un paraíso no os habréis desprendido de vuestro infierno. Conoceréis el frasco, pero no gozaréis del perfume. Por lo tanto es imperioso que os liberéis de vuestra negación por medio del conocimiento y la fortaleza de quien está dispuesto a morir para renacer.

Decidiros a morir a la antigua persona dominada por el ego y sus cargas, y no la resucitéis constantemente,  sólo así podréis renacer a la persona nueva, libre, inocente y sabia. Por esto decía Jesús de Nazaret (s.w.s.); “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos”. Y Muhammad (s.w.s) decía; “La lucha mayor es contra el ego”

El esfuerzo de la modificación que nos permita dejar en el olvido a la antigua persona y renacer a la nueva exige un decidido y claro equilibrio. Equilibrio emocional, equilibrio entre acción y reposo, equilibrio entre intelecto y corazón, equilibrio entre espíritu y cuerpo, equilibrio entre vida interior y mundo externo, equilibrio entre sabiduría e inocencia, equilibrio entre verdad y prudencia, ¡equilibrio…! Si no hay equilibrio no podrá haber desarrollo coherente.
Por esto os digo que para ser Sufi no es necesario aislarse del mundo, ni practicar muchas y exóticas ceremonias, más bien hay que desprenderse del lastre de las exageraciones y los rigorismos para dar cabida a la sencillez del amor universal.
Nosotros debemos de estar en el mundo sin ser del mundo, habiendo entendido su valor relativo, pues también aprendemos del mundo y compartimos con el mundo lo que el mundo nos permite compartir, ¡prudentemente!.

En ocasiones oigo decir; “no avanzo”. Antes de emitir la queja piensa en la pregunta; ¿Qué es lo que haces de verdad? ¡Pero de verdad! Fíjate bien, no pregunto por lo que conoces, ni por los títulos que posees ni por libros que almacenas, sino por lo que haces con equilibrio, constancia y convicción.
Por ser discreto diré que, a veces, tengo la impresión de que tu esfuerzo se limita a convertirte en archivero de datos, ¡pasivamente! De ser así te habrás convertido en coleccionista compulsivo de las experiencias de otros.
Parecerás un erudito, pero no sabrás fabricar miel. En este caso todos tus conoceres  no serán más que referencias que no te llevan a ninguna parte, no porque estos informes carezcan de valor, sino porque no son eficaces estando celosamente guardados. ¿Cuántos datos más necesitas para decidirte a poner en práctica lo que dices que ya  sabes?
El conocimiento no se nos dio para decorar nuestra biblioteca, ni para tertulias de cafetería, sino para ser herramienta al servicio del progreso. Así pues, sería mejor tener menos datos y ejercitarte más en lo que uno sólo de esos datos que te enseñan.
Por esta razón, cuando alguien viene a nosotros por primera vez pidiéndonos más ejercicios, le digo; no hagas más, sino menos, no compliques tu vida, empieza por poco con constancia para que puedas acabar en lo mucho. Con frecuencia, en los caminos del espíritu, más equivale a menos y menos equivale a más.  

No podemos evadirnos del servicio al mundo, pues no se nos da la riqueza para esconderla sino para compartirla, y nosotros somos muy ricos. Pero nada de lo que hagamos por el mundo tendrá valor sin la presencia del AMOR.
En primer lugar reconoce tu vínculo con Dios, que te crea y sostiene permanentemente, ¡ahora mismo!, recapacita sobre el amor que Dios te tiene al haberte hecho posible, y que el amor de Dios sobre ti mismo te ayude a descubrir tu grandeza. Dios crea por amor, ¡te posibilita por amor! Eres un acontecimiento único en la historia del Universo, amado por tu Creador con toda certeza, ya que sin Su Amor tú no existirías. Que este conocimiento despierte en ti el respeto y el amor hacia ti mismo, y que desde ti se proyecte hacia todo cuanto es creado por Dios a través de ti, pues tú eres la sustancia desde la que todo parte y es percibido en el universo que tú conformas. Todo cuanto percibes parte desde ti y regresa hacia ti, si entiendes esto sabrás porqué Dios está más cerca de ti que tu vena yugular.

Es de esta manera, y no al estilo del mundo, como la persona de espíritu también puede convertirse en un servidor que, en el amor de Dios, se ama a sí mismo y, en consecuencia, a todo lo demás pues nada hay que esté separado, todo es Uno y Uno es todo. Liberado de la adoración hacia ti mismo, acepta el gozo y la frustración necesaria como su opuesto. Y sirve sin esperar recompensa, simplemente,  porque eso es lo correcto.

Hemos de servir al mundo sí, pero no lo hagamos como el mundo quiere, ni permitiendo que se nos seduzca y manipule al servicio de intereses ilegítimos, sino en libertad de opción, con sabiduría y equilibrio. Como instrumentos de paz y de misericordia, con amor, no como jueces, pues habiendo superado la limitación de nuestros conceptos tendremos conciencia de nuestra propia limitación y no podremos juzgar a nadie.

Nosotros no poseemos la verdad, ni la justicia, ni la certeza, así pues dejemos a Dios la función de juzgar según Su Sabiduría. Nosotros somos caminantes, tan sólo somos  caminantes hacia La Casa de La Misericordia. Somos un cero a la izquierda al que Dios, a veces, se complace en colocarle un uno a la derecha.

Que el más Compasivo, Sede de toda Misericordia, que bendijo a Sus profetas y santos, nos bendiga y fortalezca para caminar con esfuerzo y decisión por los bosques de la vida. Que así sea.

En Archena, Murcia  a 17 de febrero de 2013 - Hayy Sidi Saíd al Andalusí, abdú Rabihi 


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