Tarika Shadilía de Murcia (Valle Ricote)
                                                                                                                     
Septiembre de 2010
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RAMADÁN

             EN PRESENCIA DEL MAS COMPASIVO, EL MISERICORDIOSO
Hayy Sidi Sa´îd, abdú Rabihi
EL FRUTO DE LA NOCHE DEL DESTINO (Sobre Infierno y Paraíso)

Ya dijimos en repetidas ocasiones que no se nos llamó a la existencia para sufrir (el mundo no ha de ser el valle de lágrimas que se nos hizo creer), sino que se nos dio la existencia para ser felices, desvelando cada día nuevos enigmas y aprendiendo de ellos. Es por este aprendizaje por el que nos descubrirnos a nosotros mismos y esto, a su vez, sucede en la medida en la que descubrimos, o mejor podríamos decir “creamos”, nuestro Universo. De aquí que sea el impulso por conocer uno de los atributos más notables del ser humano y la satisfacción del descubrimiento uno de los mejores placeres.
Así pues, podemos decir que perdió lo esencial de la vida quien perdió el deseo de saber, quien se acomodó en su “poltrona”, quien alude a la edad o a cualquier otra circunstancia para justificar su indiferencia ante el cambio en su vida o ante lo nuevo por conocer.
Ya sabemos que el propósito último del aprendizaje, al que nos referimos, es el descubrimiento de La Realidad oculta detrás de todas las apariencias. Esta cualidad para “ver” más allá, al desarrollar y satisfacer nuestro deseo de saber, es la que nos convierte en lo que verdaderamente somos: Vehículos del Dinamismo Creador y, por lo tanto, co-creadores formando parte de este mismo dinamismo.
Ahora bien, esta cualidad supone no sólo un reto, sino que también implica un severo riesgo pues, en definitiva; ¡somos lo que creamos y nos hacemos herederos de ello!.
Esto es lo que sucede al re-interpretar, y así darle forma, al Universo que percibimos según cada periodo de nuestra evolución, o “desvelamiento” según la terminología Sufi.
Si nuestra percepción del mundo, de la vida, del Universo en general es negativa, lo que construimos será negativo, ya que destilaremos el veneno de la negatividad sobre las personas, sobre el entorno y, en consecuencia, sobre nosotros mismos. Y si nuestra interpretación es positiva las consecuencias de nuestra creación también lo serán.

Os dijimos que la Creación es un criptograma por medio del que El Creador Se hace manifiesto. Esto supone que al descifrarlo mediante cada visión, más o menos desvelada, la re-creación de nuestro mundo participará de las cualidades o deficiencias que imprimamos sobre él. Por lo tanto; será un infierno o un paraíso en la misma medida en la que cada uno de nosotros así lo interprete y, como consecuencia de tal interpretación, construya sobre su mundo y le de forma. De tal manera que será la magnitud de nuestro desvelamiento, o de nuestra iluminación, lo que determine la calidad de nuestra creación.
Entendemos por iluminación, o por “estar iluminados o desvelados”, al estado de la Conciencia que nos permite ver con la luz del conocimiento más allá de lo que es aparente, desplazando así la oscuridad de la ignorancia. Esto es; el desciframiento del criptograma creador al que tanto nos referimos.
Así es que, si el mundo que construimos mediante nuestros actos y percepciones es doloroso, perverso, violento, ocupado por el desánimo, la lamentación, la tristeza, el sentimiento de culpa, de incomprensión, o ese largo etc., del desaliento y lo negativo, la energía que liberaremos será equivalente a todo ello. Por lo tanto habremos empleado nuestro proceso de evolución de forma destructiva y nuestro tiempo de aprendizaje en la creación de nuestro infierno. Así, nuestro nivel vibracional en el desarrollo de la Conciencia será equivalente a nuestra propia creación, con el subsecuente sufrimiento o gozo que esto comporte.
Si por el contrario nuestra acción creadora se ha esforzado en El Conocimiento que nos hace libres, en construir en vez de destruir, en amarnos como somos en vez de rechazarnos, en descubrir la belleza de todo cuanto existe (aún en lo que no entendemos o no nos gusta), en agradecer más que en lamentar, en ser positivos en vez de negativos. Entonces nuestra obra creadora irá pareja con nuestra Sabiduría, la Sabiduría hará pareja con el Amor y nuestro Amor será el artífice de nuestro desarrollo. Así, la energía con la que hayamos colaborado en la construcción de nuestro Universo será eminentemente positiva, pues sólo el verdadero Amor es la fuerza capaz de crear. Y aún en medio del esfuerzo que supone vencer la dificultad nuestro paso por la vida habrá sido feliz.

Una vez pasado este periodo de aprendizaje y construcción que llamamos la vida, será el resultado de nuestra creación responsable cuanto hayamos obtenido. Si las energías que, con responsabilidad, hemos liberado durante el proceso de creación han sido fundamentalmente negativas, si hemos vivido con amargura o con desánimo. Si nos hemos sumido en la queja, en el descontento o la agresión aunque sólo sea en nuestro más recóndito pensamiento.
Si has vivido con torpeza, destilando negatividad en tu Universo, tú mismo habrás creado el nivel de sufrimiento en el que te corresponda integrar a tu Conciencia una vez que, después de esta forma de vida, la carne sea disgregada y cada componente regrese a su origen. El polvo al polvo y cada energía a su nivel de vibración.
En consecuencia; habrás sido el creador de tu sufrimiento en esta vida y de tu infierno en la otra.

La consecuencia derivada de una elección de vida correcta, según sabemos, es que una vez disuelta la carne, y cada elemento retorne a su origen, la vibración de la Conciencia habrá sido positiva, habrás vivido feliz y, finalmente, tu Conciencia se integrará por afinidad en según lo que ella misma haya construido.
Pero también habrás sido eminentemente feliz en esta vida y, aún por encima de las dificultades, te habrás re-construido a ti mismo de la energía positiva que has desarrollado: El Amor. Según parece, y a juzgar por los últimos avances en la investigación molecular, de lo que también hemos tratado en otras ocasiones, la ciencia viene hoy a avalar esto que la Tradición ya nos enseña desde antiguo.
En definitiva; cada uno de nosotros somos lo que creamos, nuestro infierno o nuestro paraíso, ahora en esta vida y después del retorno al origen. Así pues estad atentos a lo que hacéis con este tiempo que se os ha dado.

Que El Sustentador de toda la existencia os ilumine y fortalezca en el buen desarrollo de lo que se os ha confiado como administradores, que no como propietarios.

Hayy Sidi Saíd, abdú Rabihi


Viernes día 10 de Septiembre del 2010, fiesta de fin de Ramadán