Tarika Shadilía de Murcia (Valle Ricote)
                                                                                                                     
Julio de  2010
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Iniciamos el mes de Ramadán reflexionando sobre el sentido de nuestra existencia, y de la felicidad como un legítimo estado por alcanzar en nuestro tiempo. Algo tan evidente debiera de ser sencillo de lograr, pero la educación recibida, correspondiente a nuestro tiempo y lugar de nacimiento, condiciona severamente el logro de este objetivo. No obstante es perfectamente posible alcanzar tal objetivo.
Podríamos decir que la felicidad es una consecuencia del Conocer, y Conocer es un atributo de la Conciencia. De Conocer es de lo que, en definitiva, trata la T. Sufi que, al igual que otras antiguas tradiciones nos ayuda a utilizar sabiamente el razonamiento, algo que es exclusivo del ser humano para diferenciarlo y cualificarlo como especie. 
La habilidad para razonar proviene del don de Conocer, y este es un atributo de la Conciencia, siendo por lo tanto la Conciencia cuanto cualifica al ser humano como tal.

Ya sabemos que es por mediación del Conocimiento como la persona alcanzará la verdadera libertad -“La Verdad os hará libres”- (Enseñaba Jesús de Nazaret). Esto significa que la liberación de los condicionantes que bloquean nuestro desarrollo, es previa al Gran Conocimiento (conocimiento del Ser Único) que puede procurarnos la genuina felicidad de la que hablamos.
Así pues, hemos de tener presente que el fundamento de toda Felicidad (en el sentido al que nos referimos) es la posesión de la plenitud por vía del Conocimiento; que el ser humano se sepa completo, dueño de su complejidad y, por lo tanto, agente activo en su obra creadora, esta es: La unificación en sí de Aquello que fue separado (según nos indica el Corán).

Ahora bien, nadie puede poseer y desarrollar lo que no conoce aunque potencialmente lo tenga, como es el caso de la Conciencia, ya que la distancia entre tener Conciencia y poseerla por Conocimiento, determina la posibilidad del proceso del desarrollo. Recordamos al hombre que, teniendo un tesoro escondido en su huerto, vivía en la miseria ya que, al no conocerlo, no lo pudo poseer.

Por esta razón; la única Verdad que nos hará libres y soberanos en nuestras vidas (Kalifas), es el Conocimiento del Sí Mismo por el dominio sobre la naturaleza transitoria del ego y los conceptos confusos que velan la simplicidad original. Me refiero a todo lo que divide y compartimenta la Unicidad separando al ser humano del estado de inocencia y, por tanto, le arrebata su derecho de ser feliz.
 
 
RAMADÁN

             EN PRESENCIA DEL MAS COMPASIVO, EL MISERICORDIOSO
Así pues, no puede haber felicidad si no hemos alcanzado a liberarnos de la tiranía del ego y hemos crecido en discernimiento, y no puede dominarse el ego sin esfuerzo, el Yihad del que hablaba el profeta, de manera que todo ello es un movimiento interactivo. La verdadera felicidad es un estado permanente de la Conciencia rectamente formada,  cuando alcanza la plena madurez y libertad por el Conocimiento que nos hace libres verdaderamente; La Verdad. En esta labor el ego animal tiene un papel importante, es la función de servidor para la que fue concebido. 
De ello deducimos el proverbio que caracteriza a nuestra Tárika y que ya, en la antigüedad Helena, se encontraba escrito sobre el dintel del templo de Delfos; “Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”.
Antes de ESTE Gran Conocimiento; ¿Qué es lo que suponemos “conocer” o amar, que no sean ídolos gratificantes, imágenes creadas por la ignorancia, el deseo y la relatividad de nuestras conjeturas, frutos todos ellos de los conceptos adquiridos en este nuestro tiempo y circunstancias, donde dominan las emociones propias del ego?
Pues, ¿No recordamos lo que se nos dijo desde antiguo?; “El ego es el Señor de este mundo donde impera”.

El amor verdadero, que inflama el corazón del “caminante”, nace del verdadero Conocimiento del Objeto amado, ¡en Su totalidad!, de forma que Amante, Amado y Amor, conformen Una Sola Realidad. Pues; ¿Existe algo que no sea La Causa Creadora, Al Lah?
“Tal Conocimiento” no será comprendido a través de los sentidos habituales ya que,  remedando a S. Juan de la Cruz, los sentidos propios del ego, la naturaleza adámica: “Se quedan de todo sentir privado, y el espíritu dotado de un entender no entendiendo toda ciencia trascendiendo”. Ese Conocimiento, ¡al que no alcanzan los sentidos!, se desvelará ante el aspirante por el desarrollo de la Conciencia cuando no sea el ego quien la domine, sino quien la sirva adecuadamente.
No obstante, en el proceso evolutivo hacia los últimos estadíos del Amor-Conocimiento, que transforma a la persona, concurrirán las emociones afectivas propias de los sentidos. Dado que la naturaleza humana no está habituada a “comprender” de otra forma serán los sentidos y emociones la guía inicial. Así pues, la sujeción a la relatividad de los conceptos opuestos, bueno-malo, etc., todavía influirán sobre el aspirante afectando a sus estados emocionales. Pero sólo será durante un tiempo.

Después será la noche de los sentidos, donde todo concepto y emoción serán suprimidos. Esta supresión precede a la noche del espíritu, donde cualquier idea sublime también habrá de ser aniquilada. Así hasta la desaparición de todo cuanto el ego supone, y el Conocimiento del Espíritu sea sin palabra ni concurso de los sentidos propios del cuerpo transitorio.
¿Cómo es que el encuentro en la Unicidad ha de darse desde la propia Unicidad, sin el concurso de los sentidos habituales y mediante el dominio previo, por vía del Conocimiento, de todo cuanto constituye la naturaleza adámica?
La respuesta es simple: ¿Quién podría, y cómo podría ser expresada adecuadamente La Suprema Experiencia de La Única Realidad, sino Esa Realidad Misma, y no la criatura limitada, transitoria y educada en la confusión?
El Corán nos enseña que cualquier esfuerzo por parte de la criatura en este sentido es vano, y sin embargo posible de ser vivido por el espíritu aún en la carne, siempre que se den los pasos adecuados.

Hemos considerado que sin la Conciencia no puede haber Ese Conocimiento al que nos referimos, de aquí la importancia de una Conciencia bien formada, ya que es el Conocimiento, dependiente de la Conciencia, lo que nos da la soberanía y la verdadera libertad, sin las que no puede haber felicidad verdadera.
Pero también es cierto que valoramos la importancia de conocer y aceptar con agradecimiento los momentos transitorios de bienestar, propios de la naturaleza humana, sin confundirlos con la felicidad como plenitud. Sin olvidar que los momentos de “estar contentos” -contentados o conformes-, ¡son lícitos!, pero son transitorios y seguidos con frecuencia de frustración cuando se acaban, y por lo tanto son insuficientes para el “caminante” que aspira por una Meta más alta.
Sabemos que el ego juega poderosamente con las emociones derivadas de las creencias, entre satisfacción y desengaño.
Si la persona da por válido ese ir y venir de emociones contrapuestas, en ello se entretiene, desorienta y confunde, haciéndose adicta de su propia inestabilidad, de sus lamentaciones o de su euforia, y hábil en la manipulación de actitudes que procuren su complacencia inmediata.
Este mal juego aprendido por herencia social, religiosa o familiar, contra el que nos advertía Ali, yerno del Profeta, es suficiente para una gran mayoría. Creer en lo que crees, sin saber el por qué, acomoda y conforma en cuanto a forma de comportamiento, pero no en cuanto a plena satisfacción. Reincide en la manipulación, con frecuencia frustra la expectativa, afianza la transitoriedad, refuerza el auto-engaño y aleja cada vez más a la persona del deseado estado de armonía por el que todo discípulo aspira.

Decimos que al Conocimiento se accede por vía del esfuerzo -Yihad-, pues en el esfuerzo se encuentra la respuesta del Otro Lado, Al Lah, que responde sobradamente a cualquier intento de acercamiento por parte del ser humano.
El esfuerzo por descubrir la diferencia entre realidad apariencial -mundo del ego-, y Realidad Esencial -mundo de la Conciencia-, Dunia-Ágera, Mulk-Malakut, es el esfuerzo derivado de la confrontación entre ambos opuestos. Es lo propio de esta escuela a la que llamamos “periodos de la existencia”, y para cuya última realización provechosa necesitamos de tanta información como nos sea factible en dependencia de nuestra voluntad, ya que de toda la información necesaria somos proveídos al nacer. “Buscad la Sabiduría”, recomendaba el Profeta.

En cuanto al cuerpo se refiere, como universo ilusorio, contamos con la percepción del ego propia del mundo animal y de la materia, los sentidos, la educación más o menos condicionada, etc. Pero en cuanto a la Conciencia se refiere necesitamos de “Otra Información” complementaria, “ese algo” que el ego intuye, por su convivencia con la Conciencia, pero que por sí sólo no puede desarrollar.
La Conciencia es un atributo más entre los que conforman la multiplicidad del ser humano. No obstante, su evolución depende de la amplitud de su entendimiento, de la profundidad de su percepción o de las ataduras a los conceptos que, siendo transitorios, acepta como algo estable. Es decir; de todo aquello a lo que suele estar condicionada por el poder del ego dominando sobre ella.
Sin embargo, cada persona puede tender hacia la liberación de todos los condicionamientos, a condición de que afronte una recta formación, que tenga en consideración su verdadera naturaleza y el propósito de su existencia. Es decir, que se esfuerce en comprender y desarrollar su verdadera Naturaleza Creadora. En este proceso ha de tenerse en cuenta una enorme dificultad a la que habrá de enfrentarse y superar.
Esta dificultad se refiere al propósito de la educación tradicional, que no desea personas sabias y libres, sino simples eruditos, útiles elementos productivos en el engranaje del sistema, a los que se contenta alternativamente para que no sean molestos, pero que no llegarán a ser sólidamente felices, ya que el sistema necesita súbditos dependientes.
Todo sistema de poder, ya sea religioso o político, es de naturaleza dominante y manipuladora, mediante la seducción y la mentira pero… ¿Cómo podría manipularse a una persona que por su madurez y Conocimiento es permanentemente feliz, más allá de cualquier contrariedad y posibilidad de ser seducida?

El Gran Conocimiento es intuido por el ego durante el desarrollo de la vida cotidiana, pero sólo podemos acceder a ello mediante el uso de la Conciencia liberada de la contaminación educacional. Repito que es aquí donde radica el mayor de los esfuerzos.
Debido a la dificultad que supone el desarrollo correcto de la Conciencia por los propios medios, ya que no se prepara a la persona para ello, se ha de buscar asistencia en quienes hayan realizado esta labor. Aquí interviene la experiencia de las Antiguas Tradiciones que, si mantienen su autenticidad, suelen ser socialmente incómodas, criticadas por literalistas y en ocasiones perseguidas.
Es labor histórica de las Antiguas Tradiciones de Sabiduría asistir a la persona en el proceso de liberación y reeducación del ego, con el propósito de revisar, o suprimir, algunos valores y conceptos adquiridos tradicionalmente, pero que desvían al ser humano de su verdadera naturaleza y, por tanto, de su propósito existencial.

Los atributos y posibilidades de la naturaleza física del ser humano; los sentidos, las emociones, los conceptos derivados de ellos y demás, son útiles elementos asistenciales en el  desarrollo al que me refiero. Por lo que el dominio sobre ellos (no a la inversa) es fundamental para preparar a la Conciencia a recibir, entender y aprovechar, la información custodiada y transmitida durante milenios.
Se ha de considerar que, si bien es cierto que todo se halla en el mismo Universo, tanto lo cercano como inmanencia o Lo “lejano” como Trascendencia, nuestros vehículos de información no actúan de la misma manera en ambas dimensiones. En lo cercano nos servimos de los atributos propios del ser humano, sentidos, emociones, conceptos, etc., por lo que hemos de tener muy en cuenta su limitación y transitoriedad. Así como el hecho de que son manipulables y, por lo tanto, susceptibles de ser dirigidos hacia donde el poder, ya sea político o religioso, quiera servirse de ellos.

En tanto que en Lo Trascendente o “lejano” es la Conciencia quien ha de actuar,  sirviéndose de estos anteriores atributos humanos para interpretar adecuadamente el propósito de cuanto se nos muestra en el medio en el que estamos inmersos en proyección hacia Lo Trascendente.
He aquí la labor de estas Antiguas y Nobles Tradiciones como artífices que nos lo traducen. En nuestro caso la Tradición Sufi.

Ya hemos escrito suficientemente sobre todo ello, pero básicamente sería esta la información inicial:
El mundo ilusorio, el Dunia, no es más que un verdadero lenguaje críptico, es el Idioma de La Divinidad en Su Manifestación. En este Idioma se nos habla de colores, de sensaciones y emociones, de construcción y destrucción, etc. En definitiva; de transitoriedad y apariencia, y como todo lenguaje no tiene consistencia en sí mismo, sino en La Conciencia que lo expresa y en la que lo interpreta. Por lo tanto ¿Qué se nos quiere decir?

Recordamos como opuestos que Dunia es el Universo aparente, en tanto que Ájera es La Verdad Esencial que se oculta tras la apariencia.
Gracias al Conocimiento, atributo de la Conciencia, podemos descifrar el lenguaje que es La Creación como Dunia, algo aparente-perecedero. Descifrando este lenguaje creador deducimos, recurriendo a la Ley Universal de los opuestos, que: “Así como todo tiene su opuesto, todo participa de su contrario, (4º principio de la Sabiduría, Zunaiyat al Aqtâb).
Por tanto; si todo lo transitorio es Dunia, hemos de aceptar por la ley inmutable de los  opuestos que la existencia del Dunia nos garantiza la existencia del Ájera, o Lo que es Esencial e inmutable. Pero también deducimos que, por participación, Lo Esencial se nos muestra en lo transitorio. Ejemplo de ello es el ser humano.

En la confrontación creadora de los opuestos, donde todo cumple con una función definida, es donde llevamos a cabo nuestro esfuerzo por Conocer.
Si no hay confrontación-esfuerzo, gracias al ego transformado en herramienta y ¡ya no como señor!, no hay Conocimiento, sin este no se puede alcanzar la libertad, y sin libertad no hay felicidad.
Por esta razón nuestra oración es; “Gracias por todo cuanto me agrada y por todo cuanto no me agrada, pues si tengo “Visión” de todo aprendo”.
Comprender la relación que hay entre confrontación-esfuerzo y Conocimiento-libertad, favorece en nosotros la paz consecuente, es lo que llamamos estado de Islam, o estado de Paz, lo que equivale igualmente a progresión hacia la Felicidad.
Como decíamos antes, este es el propósito de las antiguas tradiciones -entre ellas la Tradición Sufi-, advertir, ilustrar, iluminar y ejercitar en el esfuerzo de la confrontación a cada caminante en su propio sendero pues, como ya sabéis, para cada uno de nosotros hay un camino diferente.

Otra cuestión a tratar en esta Jutba es la facilidad con la que se accede a todo tipo de información, donde se confunde hábilmente lo espiritual con lo pseudo-espiritual. La disposición a consumir sin esfuerzo cuanto llame la atención, y se pueda pagar, ha sido una de las causas de la malformación de las Conciencias.
Una de las notables dificultades a las que tantas personas se enfrentan debido a esta malformación, y con frecuencia sin percatarse de ello, es la adicción propia de los que llamamos en sentido alegórico “grandes estómagos”.
Son personas ávidas por “tragar” de todo, dispuestas a leer cuantos libros encuentran sobre espiritualidad, a practicar entusiasmadas cuantas técnicas medio aprenden, y a dejarlas, decepcionadas, con la misma prontitud. Tragan de todo, pero digieren poco, y así van de decepción en frustración.

El ansia de más información se les hace adictiva, se apuntan a más cursillos, visitan a más “maestros” a la búsqueda de más experiencias emocionales, y cuando algo les frustra cambian de panorama con la misma facilidad con la que cambian de camisa. Al final transforman todo ello en costumbre, en un placebo en el que se enquistan como resultado de las emociones provisionalmente satisfechas, al buscar una sensación de saciedad, sin esfuerzo personal, que siempre les será transitoria.
El desarrollo de un Conocimiento puede llevar toda una vida, y más libros, más emociones, más placebos, mejor dominio del vocabulario mistérico, más habilidad para mostrar cuanto se ha leído, no pueden sustituir la constancia ni el esfuerzo no realizado.

En esta espiral, que no lleva a buen puerto, también interviene en ocasiones el factor “intento de mentira-seducción”, con el propósito de ocultar o suavizar las propias carencias. Se pide del guía espiritual la asistencia en un hipotético proceso por el que se dice aspirar, pero al mismo tiempo se ocultan los verdaderos deseos, sentimientos y negligencias, que suelen diferir de aquello que se dice querer. En este desafortunado juego también suele intervenir el indebido sentimiento de culpa, inducido por la educación tradicional.
No desvelará el guía su conocimiento de estos hechos, pero debe el discípulo considerar que prudencia e ignorancia no son equivalentes. El guía respetará los derechos del discípulo, incluido el derecho a falsear, a seducir, o a mentir claramente, pero difícilmente el discípulo engaña o seduce el guía, aunque este guarde silencio.

También es frecuente que se espere del guía espiritual la satisfacción de ciertas expectativas emocionales, de ciertas fantasías, o la complacencia para las carencias sentimentales y demandas del ego dominante. Pero el guía no puede dejarse seducir por nada, ya que: “Quien no deja del todo a todo, no llega del todo Al Todo”. Por esta razón corrige las ensoñaciones infantiles de aquellos a quienes presta su asistencia, ya que es sobre el dominio del ego sobre lo que basa sus primeras sugerencias.

El guía espiritual cumple tan sólo una función; la del consejero que sugiere, y esto tan sólo cuando se le pregunta, ya que si no hay pregunta no debe de haber respuesta. Salvo excepciones que, como en todo, también las hay.
Nadie debe de esperar de él otro tipo de relación que no sea esta, pues de lo contrario su labor se vería menoscabada por el constante ir y venir de los deseos y las alteraciones emocionales de aquellos a quienes sirve.
El guía no acepta a su lado a los discípulos para entretenerlos, ni para que se sientan emocionados, sino para ilustrarlos, este es su único compromiso. Es responsabilidad de cada discípulo que el resultado de la enseñanza sea, o no, satisfactorio, en dependencia de cada esfuerzo, y del uso adecuado de las “herramientas” que todos reciben de la mano del guía.
El guía es una persona como cualquier otra en lo que respecta a su naturaleza transitoria, pero una sola enseñanza suya, una sola sugerencia, ha suponer esfuerzo y tiempo para realizarla según cada medida. ¡Cada enseñanza tiene un mayor contenido del que sugiere la apariencia!.
Pedir más alimento, sin haber digerido la comida anterior no es de sabios, y la frustración derivada de la ausencia de resultados, tal y como el discípulo espera que debieran de darse, no justifica la demanda de más nada, sino que ha de ser causa de revisión, de modificación y de trabajo personal.

No hay que esperar del guía que nos satisfaga dando siempre “la nota” con frases ilustradas, con gestos “mistéricos”, o con actos sorprendentes. Esto es búsqueda infantil de placebo, impropia del sincero “senderista” que no necesita de sesiones circenses. Dice el antiguo proverbio; “Quien milagros busca con el diablo topa”.

Cada persona es el Centro Creador de Su Universo, y hacia el descubrimiento de esta certeza ha de dirigir su esfuerzo sin demandar más tiempo de la infancia que ya debió de quedar superada, sin dependencias afectivas, sin expectativas que debiliten el Conocimiento de su unicidad y el gozo de su multiplicidad.
Decía un poeta; “A mis soledades voy, y de mis soledades vengo, y cuando estoy conmigo me bastan mis pensamientos, pues con venir de mí mismo no puedo venir de más lejos”.

Un niño no puede conocer lo mismo que conoce un adulto, de la misma manera que un adulto cualquiera no puede comprender lo que conoce un erudito. Así mismo un erudito no puede conocer lo que Conoce un Iluminado. Pues no es Iluminado quien ha leído mucho, sino quien comprende cuanto vive habiendo descifrado el Criptograma Creador. La Sabiduría propia de la Iluminación no se hereda, sino que se aprende con el esfuerzo necesario para abandonar lo complicado aprendido y descubrir lo sencillo de cada día. De aquí que en otras ocasiones hablara de la importancia de “desaprender”, o de que en ocasiones no hay que hacer “más…”, sino menos. Pues así como es bueno arrepentirse de los propios errores, es mejor reconocer la futilidad de los mismos, ya que hemos de beber el vino sin morder la copa de las apariencias que lo contiene.

Como un borracho que no ha bebido vino, el iluminado alcanza a estar saciado sin haber comido, y se siente como un rey aunque vaya vestido de harapos. Es como un tesoro escondido bajo escombros, y Conoce la Verdad Esencial que no encontrará en los libros.
Aprovechad la oportunidad que nos brinda, una vez más, este mes de Ramadán, para modificar lo que haya de ser modificado, aprender lo que haya de ser aprendido, y crecer, crecer hasta donde la Acción Creadora nos impulse. Que así sea en cada uno de nosotros.

Que El Creador que nos ha llamado a la Luz nos bendiga en nuestras limitaciones, pues Su Misericordia aventaja a Su Justicia.                                                    
Hayy Sidi Sa´îd, abdú Rabihi