Tarika Shadilía de Murcia (Valle Ricote)
                                                                                                                     
 
Ramadan.2 2007
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LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD

En Presencia del más Compasivo, el Misericordioso.
El ser humano no fue creado para vivir en un valle de lágrimas, como antaño se nos dijo, sino para que fuera feliz aprendiendo, como enseña el Corán.
Uno de los propósitos del mes de Ramadán también es el de cuestionarse si la propia vida, la que hayamos elegido o la que la circunstancia nos haya impuesto, se encuentra en armonía con el propósito de nuestra existencia, con "aquello" para lo que fuimos llamados a ella. Y como acabamos de decir, según la enseñanza Coránica, el ser humano fue llamado a la existencia para ser feliz descubriéndo-Sé.

No obstante la inmensa mayoría de las personas no son felices, o más bien, gozan de parcelas de "felicidad-placebo" más o menos breves. Las causas son diversas, tantas como personas y circunstancias, pero entre todas las causas quizás sea la ausencia de "Conocimiento" la causa determinante.

La generalidad de las personas confunden el concepto felicidad con la idea de "estar bien y contentos", sin considerar que la felicidad es “un estado de la Conciencia”, y el "estar bien y contentos", es una emoción lícita, pero básica y aleatoria, no perdurable, y sujeta a múltiples factores que no están bajo el control del sujeto: -equilibrio emocional, modas, seducción publicitaria, inducción moral-cultural, "lavado de cerebro"...-

Todo cuanto es transitorio, personas, cosas, situaciones, etc., nos guste o nos disguste, es por su propia naturaleza inestable, son "lecciones" que pasan, a las que no podemos aferrarnos, pues "una vez que ha pasado el agua ya no mueve el molino". Unas veces nos gustan las "lecciones" y otras no, pero aceptadas con sabiduría son siempre un vehículo de aprendizaje que dependerá de dos factores: el factor propio de la voluntad de la persona, de su esfuerzo y coraje, y el que sobrevenga de las modificaciones que, aleatoriamente, surgen en el entorno en el que se vive. Sortear estas modificaciones aleatorias también forman parte de lo que queda por aprender, sin olvidar lo que dicen los proverbios populares:
"Todo lo bueno se acaba", y "No hay mal que cien años dure".

Así pues, el estar bien, es una lícita emoción transitoria del ego con la que se conforman la gran mayoría de las personas, al igual que el resto de los animales, pero no es un estado de la Conciencia: el Estado de Felicidad.
Toda esta confusión es propiciada y alentada por el Sistema, que no nos educa para crecer, sino para que seamos útiles en su engranaje. Así, se nos vende placebo transitorio que habremos de pagar con el esfuerzo que se nos impone con el propósito de "ser alguien en la vida"; preparación académica, un puesto de trabajo, unas vacaciones dirigidas o inducidas, un ocio de diseño, etc.

¿Quieres ser feliz?. Te distraeremos con nuestras luces de neón, pero trabaja para nosotros, danos dinero y poder. No pretendas ser lo que eres, el sistema te dirá cómo has de ser, qué has de comer y vestir, cómo has de pensar con corrección conveniente.

¿Espiritualidad?, la de diseño, la que marca la ortodoxia, ¡no se te ocurra ir más allá!, serás un hereje. ¡Enrólate en la espiral que nunca encontrará su centro!, pero... así es la vida, y así vivimos todos -se nos dice-.

¡Esfuérzate para ganar!, que el Sistema te venderá lo que tú fabricas para que lo pagues con el esfuerzo que has realizado para fabricarlo. Esfuérzate y cómpranos, practica la avaricia y consume, consume y desecha, que sólo así serás feliz...¿.?

Todo este comentario no supone que nos mostremos en contra de las estructuras sociales, que tienen mucho de bueno, sino que tan sólo llamamos la atención sobre el fraude de la "venta de la felicidad".
La Felicidad es un inalterable estado armónico de la Conciencia. Tiene su sólido fundamento en la verdadera Sabiduría, que a su vez procede del Conocimiento del verdadero Sí Mismo. Puede ser vagamente imitada con cuanto pueda comprarse o adquirirse a cambio de..., pero no se puede lograr sin dar los pasos adecuados. Este es el propósito de las Antiguas y Nobles Tradiciones, en nuestro caso la Tradición Sufi.
Este Conocer-Sé es la consecuencia de haber dado respuesta inteligente y estable a las inquietudes que todas las personas, en algunos momentos que se repiten en nuestras vidas, sentimos como una llamada interna de alerta.

Esa sutil intuición de saber-sé "algo más", o la llamada del "despertar", del "descorrer los velos" que dificultan la percepción de la Realidad, como decimos en la Tradición Sufi. Es una intuición que la mayoría de las personas acaban rechazando por no formar parte de lo productivo, de lo conveniente, de lo útil en la vida de diseño, o por agotamiento al no encontrar el cauce adecuado.
Así es como la intuición del "despertar" es ahogada entre el marasmo de atractivas e infantiles ofertas de "comida basura" -o lo que esto significa-. Ofertas que adormecen las conciencias sujetas a un sistema devorador, intoxicado de poder, amoral e incapaz de mantener, ni el equilibrio, ni las promesas. Se llama el "opio del pueblo".
El Conocimiento del Sí mismo, que da paso a la Sabiduría, que abre el estado de felicidad es, por Su propia naturaleza, inmutable. Forma parte de la Conciencia, y la Conciencia es atemporal y adimensional, Causa y Sostén de todo lo creado, aún cuando en la Creación se muestre en tiempo y espacio.
Este verdadero Conocer-Sé supone poseer el conocimiento de todo cuanto de verdad importa, o lo que es lo mismo; el conocimiento del propósito de cada existencia; "quien soy, de donde vengo, a donde voy". La adecuación a este propósito, y su desarrollo en docilidad a la dinámica Creadora, es el único camino para alcanzar el estado de felicidad para el que fuimos llamados.
Por estas razones; la máxima elegida para nuestra pequeña comunidad, como propósito de reflexión permanente es esta; "Quien se conoce a Sí mismo, conoce a su Señor".
Que cada corazón encuentre su ruta, la ruta propicia al desarrollo que le llevará hacia el estado de felicidad inmutable para el que fuimos llamados.


                                                                                                                        
Hayy S. Sa´id b. Aÿiba, abdú Rabihi